Reseña fílmica XIX: The Favourite (2018)

Nota de la autora: 

La presente reseña fue publicada el 17 de febrero de 2019 en Steemit. 


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Fuente: Destino Arrakis

El sábado por la noche vi esta película de Yorgos Lanthimos, cuyo trabajo apenas estoy conociendo; de hecho, es la primera película que veo de este director de cine, película que me dejó boquiabierta por sus elementos simbólicos, su espectáculo visual, la música barroca y las actuaciones de las tres actrices principales. De hecho, tuve que detener tres veces la película para averiguar un poco más sobre las vidas de Anne Stuart, reina de Inglaterra (interpretada por Olvia Colman); Sarah Churchill, duquesa de Marlborough (interpretada por Rachel Weisz); y de la prima de ésta, Abigail Hill, baronesa Masham (interpretada por Emma Stone), con tal de comprender mejor el contexto histórico (principios del siglo XVIII) y político (Guerra de Sucesión Española). 

El filme se divide en 8 actos. Cada acto representa una frase dicha por las protagonistas, y cada frase simboliza el proceso del ascenso y la caída de dos mujeres que han tenido una notable influencia en una reina marcada por la tragedia, la indecisión y la inestabilidad emocional; aquél proceso, por supuesto, era aprovechada por los dos partidos políticos predominantes de Inglaterra, los Whigs (partido conservador) y los Tories (partido liberal), con tal de inclinar la balanza a su favor.  

Ahora bien, si hay algo que me encantó de este film es el uso del simbolismo; mi ejemplo favorito sin duda es la presencia de los conejos en el cuarto de la reina.  Cada conejo representa un hijo, sea nacido y muerto a los pocos meses, o un aborto. A cada conejo Anne le designa un nombre, aquél que le hubiera gustado ponerle a su hijo o hija si hubiese vivido más tiempo. Símbolo trágico, pues es un constante recordatorio de la condición física de Anne en el aspecto de la maternidad como consecuencia del constante incesto practicado en las casas reales europeas.

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Fuente: Cineuropa

Otro aspecto que me encantó fue la forma en que abordó Lanthimos la relación entre Anne y Sarah. Amigas (y, según algunos historiadores, amantes desde la adolescencia), estas dos mujeres tuvieron una relación de dependencia, una relación que aplica perfectamente el dicho pégame pero no me dejes; una escena que ejemplifica bastante bien esta situación es la rudeza con la que Sarah entra a la habitación de la reina y, tomándola del cuello, le exige que exilie a Abigail de la corte.  Aunque la reina se negó, en la mirada de ésta se podía notar un pavor que solo una persona dependiente emocionalmente podía tener cuando ve que está fallando al sujeto de sus afectos. 

Incluso parecía repetirse la situación con Abigail, quien, sintiéndose atacada por su prima, decidió quitarse la careta de niña buena para jugar el auténtico Juego de Tronos; pero, estando en un momento de lucidez, Anne toma la decisión de no permitir que nadie más la sobaje, obligando a Abigail, casi al final, que le tallase las piernas. 

Y pensar que en la vida real estas tres mujeres protagonizaron una historia de amor, venganza, poder y obsesión que pocos (o quizás toda la corte) sabían a diestra y siniestra. 

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